Sentencia ejemplar contra el narcotráfico


Las duras condenas a la banda del caso denominado Carbón Blanco señalan que sólo con firmeza y decisión puede combatirse el flagelo de la droga

En la causa por narcotráfico conocida como Carbón Blanco, una de las más emblemáticas en la materia por sus características, se han dictado condenas ejemplares de entre 12 y 21 años de prisión que ratifican la importancia de llevar adelante este tipo de procesos contra los principales responsables de las organizaciones de narcotraficantes, y no sólo contra los eslabones secundarios.
Si bien es cierto que las condenas a los cinco imputados no se encuentran firmes y pueden ser revocadas, importa, y mucho, la firmeza y claridad de criterios del Tribunal Oral Federal de Resistencia, Chaco, que llevó adelante durante tres meses el juicio que coronó una trascendente investigación iniciada en 2012. Por lo pronto, y ante la gravedad de los hechos juzgados y de las condenas, el tribunal dispuso que los acusados queden detenidos con prisión preventiva.
Esta actitud y la firmeza que trasunta contrastan con la pasividad cómplice del gobierno nacional ante el narcotráfico, que no ha hecho más que crecer exponencialmente durante su gestión.
En 2012 fue incautada en Portugal y Buenos Aires una tonelada de cocaína con destino a España, "exportada" en bolsas de carbón vegetal por la empresa Carbón del Litoral SRL desde la pequeña localidad de Quitilipi, en el Chaco.
El consiguiente proceso lo llevó adelante la entonces jueza federal de Roque Sáenz Peña, Zunilda Niremperger, y su importancia radica no sólo en el volumen de cocaína secuestrada, sino además en la red de relaciones de los miembros de esta organización.
Para los jueces del tribunal oral, Eduardo Belforte, Aldo Alurralde y Ramón González, esa organización actuaba como una verdadera asociación ilícita con la finalidad de llevar adelante el contrabando de estupefacientes "agravado por la cantidad y la pluralidad de los partícipes". Los jefes de la banda, según la Justicia, eran el abogado Carlos Salvatore y el empresario del fútbol Patricio Gorosito, quienes recibieron penas de 21 y de 19 años, respectivamente.
Se calcula que la organización operaba desde 2005 y que desde ese año podría haber traficado 500 kilogramos más de cocaína que se descubrieron en Portugal en 2011. Los integrantes de la banda poseían numerosas conexiones en la Aduana, fundamentales para llevar a cabo su cometido.
Existe además, como informó LA NACION, una causa paralela por lavado de dinero. A Salvatore le habrían descubierto más de 60 empresas satélites en la Argentina y en los Estados Unidos, que posiblemente fueron creadas para blanquear dinero originado en el contrabando de cocaína.
Gorosito reconoció que fue testaferro de Julio Grondona, el fallecido presidente de la AFA, y que construyó un estadio para 12.000 espectadores en Arroyo Seco, con siete canchas de entrenamiento y un hotel cuatro estrellas que luego vendió a Rosario Central, según él, en 16 millones de dólares. Según Gorosito, "gran parte de la plata se la quedó [Julio] Grondona".
Además de las lógicas apelaciones y de la causa paralela por lavado de dinero, el caso Carbón Blanco no ha terminado. Por lo pronto, se reactivarán dos causas previas contra los imputados, que estaban dormidas. Una es la de un contrabando de cocaína a Bilbao que partió del puerto de Rosario en 2010. Habrá que investigar, además, el papel que cumplieron funcionarios de la Aduana, que habrían actuado como cómplices de la banda. También será preciso determinar la procedencia de la droga enviada a Portugal y España en contenedores desde Quitilipi.
Sentencias como la que comentamos constituyen hechos concretos y trascendentes en una lucha que, debido a la pasividad cómplice de las autoridades nacionales y de muchas provinciales y comunales, se libra a partir de hechos consumados y no, como sería de esperar, desde la prevención. Los procedimientos policiales y judiciales muestran la extrema osadía de las bandas, como pudo apreciarse días atrás al resultar detenidas 12 personas acusadas de integrar la red local de una banda colombiana. Los detenidos están acusados de intentar contrabandear cocaína impregnada en granos de arroz.
Fronteras sin control, agentes policiales involucrados cada vez en mayor número con los narcotraficantes, vía libre para el blanqueo de fondos provenientes de la droga y de otros delitos y falta total de coordinación entre las fuerzas de seguridad son algunas de las gravísimas señales del crecimiento del flagelo entre nosotros. Días atrás, la ausencia en la Comisión de Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico de la Cámara de Diputados de los legisladores del oficialismo entorpeció el avance de un proyecto para poner en marcha un sistema de denuncias anónimas sobre tráfico de estupefacientes. El proyecto apunta a promover la colaboración de los ciudadanos que puedan aportar información valiosa sin miedo a sufrir represalias.
En materia de drogas, la indiferencia y la distracción no son tales. Son actitudes cómplices. Si la causa Carbón Blanco es trascendente por la condena, lo es también por la magnitud de las operaciones, cuya real dimensión aún se desconoce.

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